LA VIOLENCIA EN MEXICO

1236

“Hace unos días fue asesinado mi primo Pablo Marentes Martínez. Un hombre de una inmensa calidad humana y una mente brillante”

Por  Lic. Roberto Abe Camil

El tema es trillado, recurrente, si bien la violencia ha sido una constante en la historia de México, hoy se convierte sin duda alguna en la primera asignatura pendiente de los tres órdenes de gobierno.

Era yo muy joven cuando tomé un ejemplar del librero de mi padre,  que me llamo la atención por su título, “La Violencia en México, Prologo y Selección de Orlando Ortiz”.  El autor eligió una serie de crónicas y relatos sobre episodios de violencia que van desde el México precortesiano al virreinato, de ahí al siglo XIX, la Revolución, las décadas siguientes y culmina en Tlatelolco.

 Fue una lectura rica y una compilación que evidentemente llevó a muchas reflexiones, y a la constante pregunta sobre la violencia como parte indisoluble de la vida cotidiana de los mexicanos.

Al concluir la lectura, en mi inexperiencia juvenil pensé que México ya había vivido suficiente violencia y  que la aparente estabilidad del régimen de un Partido único garantizaba un control de la misma.

Por supuesto que estaba consciente de que en cualquier sociedad organizada siempre habría algún hecho violento o delincuencial, sin embargo no imaginaba lo que estaba por venir en lustros siguientes y que la descomposición del tejido social en mi país llegaría a niveles alarmantes.

Más pronto que tarde fui testigo de cómo la seguridad pública se salió de control y como la vida cotidiana fue tocada por la delincuencia, los mexicanos tuvimos que modificar nuestros hábitos y privarnos de cosas tan sencillas pero tan bellas como un paseo por el campo, por temor a sufrir un robo, un asalto o una agresión. En un principio nos enterábamos de una hecho violento por la prensa amarillista o por una charla en un café, poco después lo supimos porque le sucedió a alguien cercano o incluso a nosotros mismos.

 Con la llegada de Calderón al poder, la violencia se desbordó, el presidente seguramente con la mejor de las intenciones, anuncio a tambor batiente una guerra contra el narcotráfico y la delincuencia, enfundado en una casaca varias tallas más grande y rodeado de la plana mayor del ejército y la armada, desde un antiguo cuartel en Morelia, lanzó a las tropas al combate. Las Fuerzas Armadas fieles a su tradición, altas virtudes y característica lealtad cumplieron la orden de inmediato, sin embargo Calderón olvidó que todo Comandante debe regirse por la estrategia antes de usar la táctica. No planeo las operaciones y no solo envió a las tropas a cumplir misiones propias de las policías, sino desgastó a la Institución hasta ese entonces mejor valorada por los mexicanos y en consecuencia desató una violencia generalizada que los mexicanos no vivían desde los días más cruentos de la Revolución.

Pronto también los mexicanos perdimos la capacidad de asombro y nos habituamos a conocer cotidianamente de crímenes y de actos de barbarie, en que momento los criminales desarrollaron un salvajismo inusitado? Ya no bastaba con asesinar a la victimas había que mutilarlas y decapitarlas también.

Hace unos días fue asesinado mi primo Pablo Marentes Martínez. Un hombre de una inmensa calidad humana y una mente brillante. Destacó por su cultura, sus dotes como comunicador, por ser el brazo derecho de su padre en los negocios familiares, por dedicarse también a su gran pasión la música pero sobre todo por su don de gentes, deja una hija encantadora de 8 años.

Pablo, fue asesinado a plena luz del día, al llegar a su negocio, de manera impune y cobarde para arrebatarle 35,000 pesos que acababa de retirar de un banco. Se presume que el asesino como en tantos casos esta coludido con algún empleado bancario. La muerte de Pablo nos duele  todos los que lo quisimos, lo único que nos reconforta es saber que él está en un lugar mejor, sin embargo también nos embarga un sentimiento de impotencia, sabemos que la Justicia en México no es pronta ni expedita, así como también que el problema de la violencia en México no va a cesar de un día para otro, sin embargo aún no pierdo la esperanza de que mi anhelo juvenil de un México sin violencia sea más pronto que tarde una realidad.

Comments

comments