S.O.S de la iglesia: Gobiernos coludidos, no castigan a los criminales

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Crónica por Eusebio Gimeno González

A las siete de la mañana. Aún bajo las sombras del amanecer, la Iglesia de Tlaltenango iluminada por bombillas, bullía de vida, mucha gente abarrotaba las naves del templo y hasta en el atrio vestidos de blanco agitaban banderas, y entonaban cánticos, se estaba diciendo una misa, Los fieles esperaban a que se juntara la gente; en los altavoces retumbaban la notas del himnario por toda la calle de Emiliano Zapata.

“Yo creo Jesús mío que estas en el altar, y oculto en la hostia te vengo adorar”.  Los viandantes fluían como un río de gente, se congregaban en las afueras.  Como siempre no faltaron los fenicios que hicieron su agosto, banderitas de paz de a diez y veinte pesos, (aunque hubo otros fieles que regalaban banderitas blancas de papel de china). Mientras se iniciaba la marcha hacia frío y el hambre picaba en el epigastrio por eso el puesto de la venta de atoles se abarrotó desde temprano champurrado, avena, y arroz, con sus tamales verdes, rojos, rajas y de dulce, antes de las nueve se habían agotado, entonces la vendimia se fue hacia el otro lado a la vuelta de la escuela 18 de marzo, tacos y consomé de barbacoa con respectivo su Boeing de uva, mango y  fresa.

Habían que cargar las pilas, para la caminata que se hizo pesada cuando el sol empezó a iluminar la mañana de Cuernavaca. La policía cerró antes de las ocho la circulación de esa importante avenida. Los carros alegóricos improvisados en grúas de plataforma transportaron a un conjunto musical y los contingentes seguían llegando, venían de todas las parroquias del estado, Era un llamado de su obispo de monseñor, docenas de curas con impecables sotanas color blanco, o beige,  iban en la vanguardia, cubrían al obispo como guardias de corps, caminaban como guerreros de la cristiana al frente de sus feligreses, con mantas, cruces de madera, cartelones alusivos al terror de la muerte en Morelos, pancartas con las fotografías de personas sacrificadas por la violencia de los grupos mafiosos. Mientras una voz de mujer se escuchaba retumbando en el eco de la mañana gris y algo fría, oraba en voz alta haciendo un recuento del sufrimiento y la protesta dolorosa de las madres, de las viudas, de los huérfanos, en una especie de liturgia, así hasta que llegó monseñor Castro vestido de blanco con festones de púrpura.

Desfilaba también un enorme crucifijo con su cristo clavado como el mártir del Gólgota era cargado en vilo por otra cuadrilla de fieles, que hicieron las veces de un Simón de Cirene. Pura gente buena, tranquila, trabajadora, No fallaron los políticos creyentes, que acudieron haciendo eco al llamado de su fe. Y desde luego asistieron los aliados políticos del obispo que “invitaron” y acarrearon a varios líderes bajo su control, los cuales a su vez trajeron a su gente a la Marcha por la Paz. Todos ellos hicieron posible la magna concentración La marcha por la Paz.

Las cifras del obispado según sus capellanes, y vicarios, y capellanes, diáconos, y seminaristas logran conjuntar en Tlaltenango, unas 25 o treinta mil personas, lo cierto es que se miraba un arroyo blanco marchando hacia el centro histórico de Cuernavaca. La versión de los policías de crucero, tránsito, motociclistas, “orejas”, y fauna infiltrada por el gobierno, reportaron que eran a lo máximo siete mil personas. De cualquier manera, dijo Juan Pueblo “Somos un chingo y Seremos Más”.

Camionetas pequeñas de la tipo estaquitas, que marchaban a vuelta de rueda, transportaban un equipo de sonido a través de estas bocinas se escuchaba el ritual a lo largo de la marcha, los fieles rezaban la salve, El gloria, el credo, y los cincuenta padre nuestros y diez aves, mientras muchos creyentes llevaban la cuenta desgranando sus rosarios, y elevando sus plegarias por la paz. En contraste también llegaron los acróbatas con la cara pintada al estilo del mimo francés Marcel Marceau, que bailaban y saltaban poniendo un tono de alegría. Se vieron muchos estudiantes presentes, amas de casa, trabajadores, gente de la tercera edad, y jóvenes adultos. Hubo políticos, ex funcionarios de varios partidos, empresarios, todos vestidos de blanco y ciudadanizados.

 A la altura del templo que esta antes de llegar a la cuchilla de Álvaro Obregón y Zapata, los marchistas hicieron un alto en su trayecto, y lazaron sus voces de protesta, le pidieron a los asesinos que hicieran conciencia, que pensaran en Dios, que no siguieran segando vidas a cambio de dinero, que el daño que estaban haciendo laceraba a todo el estado por entero, que un día serían juzgados, y que al actuar así ponían en peligro las vidas de sus hijos , de sus esposas, de sus padres y hermanos, porque las venganzas, el peso de la ley, algún día los alcanzarían y de nada les iba a servir estar haciendo Tanto daño. Con la voz entrecortada y anegada de llanto la oradora con micrófono en ristre, expresaba que a pesar de su profundo dolor, no les deseaba el mismo fin a los culpables, pero que Dios no habría de dejar al pueblo de Morelos en este periodo de aflicción.

Continuaron la caminata, con gritos, consignas, cánticos y rezos. Algo era de notar, no se expresaban en contra del gobierno ni lanzaban insultos a la policía que los acompañaba y hacía guardia en los cruceros para dejar libre el paso al desfile de ciudadanos que exigen un alto a la matanza, al robo, al secuestro, al crimen sin control que opera en nuestra entidad y en nuestro país

Luego al llegar a la Gualupita en el Chapitel del Calvario hicieron una última parada, para hablar nuevamente con la voz de la gente agraviada, dando voz a los que no tiene voz, para hacer eco en las conciencias, los familiares de las víctimas, pidiendo justicia, elevando un clamor desesperado por la paz, el cese de la violencia y una petición de auxilio a las autoridades encargadas de defender a la población de las agresiones de los malos.

En Catedral

Había pantalla gigante sobre la calle lateral de la Iglesia Catedral, desde donde los machistas que no lograron penetrar al atrio lleno hasta los topes, esperaban la palabra crítica del líder eclesiástico.

Al llegar a la Catedral precedido por algunos clérigos que usaron la palabra el purpurado dio su cátedra, el sermón con el mensaje que fue la esencia de La Marcha por la Paz. En el uso un lenguaje suave, medido, pero directo y con datos duros que cimbraron las estructuras del poder del Estado, (y si los espías del gobierno federal hicieron bien su trabajo, las palabras de monseñor Castro debieron haber tocado sensiblemente las fibras del Presiente de la República, por las ideas que expresó el líder de la iglesia en el Estado de Morelos hoy bajo el asedio de cinco grupos criminales de alto nivel. que habló también en nombre de los obispos de México.

No tuvo empacho en señalar que los gobiernos de 18 municipios están subordinados al narco, por lo tanto aliados a él; no le tembló la voz para llamar por su nombre a los carteles todos: Jalisco Nueva Generación, la Familia Michoacana, Los Zetas, Tlahuicas, Los Rojos, y Guerreros Unidos. Le pidió que se arrepientan de sus pecados, y que no olviden que más temprano que tarde serán juzgados por Dios, y llenaran de oprobio y dolor a sus familias y seres queridos.

No se puede negar el enorme arrojo y valor civil del religioso que dijo las cosas por su nombre: NO podemos seguir viviendo así”, Y, que quienes deben protegernos están comprados por el dinero de los criminales. Esa acusación cala hondo, llega hasta la cúspide. Pidió que todos fuéramos responsables, que hiciéramos denuncias (aunque sea anónimas) cuando seamos testigos de un crinen un secuestro, trata de jovencitas, o venta de drogas) si no asumimos nuestra responsabilidad, luego no nos asustemos de lo que les pase, o en lo que se metan,  nuestros hijos, e hijas, y  Si nosotros mismos lleguemos a ser víctimas de la violencia.

Mensaje obispal

Entre otras ideas importantes, monseñor Castro señaló que es tan intensa la criminalidad y provoca tantos estragos en la gente de Morelos, que fue más Fácil salir de la tragedia del terremoto, que de esta ola de crímenes.

….”Es tiempo de cambios, hemos caminado orando, hoy está caminata, no es contra ningún gobierno.

Es un grito legítimo por la justicia y por la paz.

No podemos seguir viviendo así.

Hemos caminado por la paz.

Así como a los discípulos de Jesús debemos llenarnos de esperanza.

Es una espiral de dolor a la que de momento no se ve fin.

Hay una ola de criminalidad, que ha rebasado a las autoridades, se han establecido como señores del terror

México y Morelos viven la peor etapa de violencia.

De enero a marzo ocho mil 500 homicidios.

Las dos primeras ciudades más violentas del mundo son mexicanas

En Morelos 14,479 delitos denunciados.

Son el 90 por ciento los que no se denuncian.

 Si las mismas autoridades de 18 municipios pagan a las bandas derecho de piso. Qué puede hacer el pueblo, cuando se sabe que los mismos policías están coludidos.

Mucho debería preocuparnos el reclutamiento de nuestros jóvenes.

La narco cultura está dañando la mente de la gente.

La pérdida de valores, la corrupción, la impunidad.

Ésta sociedad está dañada, debemos hacernos corresponsables.

Los obispos de México decimos basta ya, basta no queremos más muerte.

Nos unimos al clamor por una transformación, político social, institucional.

Nuestro país no aguanta más.

Ningún país puede, aguantar donde no se castiguen los delitos.

No hemos sabido construir la paz.

El individualismo debilita y corrompe la sociedad.

Nuevas ideologías vienen a afectar a la familia.

Nos quieren plantar la ideología de género.

Estamos luchando en contra de la naturaleza, mucha gente no se da cuenta de lo que están haciendo.

Necesitamos un cambio de sistema

Que la violencia sea declarada un problema de salud pública.

Hay que defender la vida.

No estamos de acuerdo con el aborto.

No podemos descargar la responsabilidad en una sola persona o institución.

A todos jefes de las bandas y al dinero fácil.

Hago un llamado a los gobernantes que enfrenten los grandes problemas.

 A las familias que se conviertan en santuarios de vida.

Crezcamos en la cultura denuncia al menos anónima, porque tenemos miedo.

A los carteles Cartel Jalisco Nueva Generación, Familia Michoacana, Tlahuicas, a los Rojos. Guerreros UNIDOS.

Ustedes también son hijos de Dios, nunca es tarde para arrepentirse.

Afecta a sus hijos, hermanos, nunca es tarde conviértanse”.

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