Rotación de elites

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A favor de la cancelación del aeropuerto

La verdad en el tema del aeropuerto

J: Luna Quintana

Escupidores matutinos en noticiarios prepago y la histeria de empresarios por conveniencia económica o instrucción superior, fijaron la atención de los mexicanos en la simpleza de la cancelación de una construcción, que siendo útil al País, no por ello resulta indispensable.

La realidad de las cosas, es que estamos en vísperas de una rotación de élites no vista desde la revolución del siglo XX en México.

López Obrador inicia un gobierno excepcionalmente fuerte, más que aquel constituido por Vicente Fox en el año 2000, que obedeció más a un hartazgo ciudadano motivado por quehaceres desastrosos del PRI , mal entendidos y no atendidos por el grupo en el poder pese a las advertencias de Jesús Reyes Heroles, quien pronosticaba quince años antes la debacle de un sistema inmundo, deteriorado y anacrónico.

El asunto es que el movimiento de regeneración, literalmente en su significado construido por Andrés Manuel López Obrador los últimos dieciocho años, alcanza el éxito en las pasadas elecciones de julio con una característica peculiar e inusual, significada en que adicionalmente al hartazgo social cierto, conocido, manifiesto, la sociedad no gubernamental, madura y vengativa, hace presencia en las urnas sin distinguir rangos sociales, economías y estatus de aprecio educacional ciudadano.

El asunto del aeropuerto, es una ventana abierta para observar el avance imparable de una contraelite que garantiza su triunfo ante la elite gobernante el día de hoy. Lo que AMLO denomina mafia del poder, es el cerebro director de una elite que va de salida, corrida, desplazada, que mandó y ordenó a través de gobiernos a modo, desde finales de la revolución de principios del siglo pasado.

En este sentido, la obra del aeropuerto no es sino solamente la oportunidad para que la contraelite hecha visible a través de AMLO y su movimiento de regeneración nacional, derrote a la elite dominante encabezada por intereses facciosos que sin recato intervienen visto su poder económico, en el ámbito político, aquel que debe privilegiar el interés del hombre sobre el del patrimonio y pertenece a las instituciones de la nación. En todo esto, se encuentra la justificación del brinco e inquietud de Slim, Fernández de Ceballos, Salinas o Legorreta y de una serie de grupos de interés faccioso.

El mérito de López Obrador, tiene que ver con la apreciación política en la necesidad de deslindar su fuerza real como ordenante constitucional e institucional, respecto a la del poder económico que hoy día comanda las decisiones en México.

La histeria de los empresarios y su ingenuidad en el ámbito de la maldad y la bondad, novatés o como se le quiera denominar, no es sino solamente una reacción que manifiesta el estertor de muerte de una elite que desaparecerá, no lo dude, del escenario nacional a partir del 1 de diciembre.

La rotación de elites, comenzó con el triunfo del MORENA y concluirá con el desplazamiento de los actuales grupos que integran el poder fáctico faccioso.

Falta solamente, que el empoderado señor López Obrador realmente obedezca a convicciones de estado, característica de estadistas como Morelos, Juárez o Madero y ocupe, junto a ellos, el nicho de un transformador como aspira o cuando menos manifiesta públicamente.

Así las cosas, atarantados en términos políticos de la COPARMEX, el Consejo Coordinador Empresarial, Hombres de Negocios o como se le denomine a estas agrupaciones de elegantes pendejos, histéricos y chillones adoradores del reflector, patrocinadores de los Loret de Mola, Gómez Leyva y demás pléyade de aguerridos mercenarios de la comunicación y conste que no acepto el término periodistas, concepto exclusivo y acepción solamente atribuible a verdaderos constructores de opinión pública, decía que los representantes del sector empresarial, jugadores sin herramienta en el juego y rejuego de los decididores fácticos, expresan en micrófonos sus particulares y estúpidas apreciaciones sobre la cancelación de un aeropuerto innecesario, sin percatarse que más allá de sus infantiles interpretaciones, existe el interés nacional que hoy aprecia un movimiento que tal vez y solamente tal vez, signifique el agente del verdadero cambio.

En todo este asunto, solamente falta que Andrés Manuel López Obrador, no resulte un estúpido que lejos de registrar su nombre en el libro dorado del proceso histórico de la nación como el transformador de cuarta generación, aparezca como un dueño más, de los destinos de un México que tiene la esperanza de manera previa al movimiento armado.

Como sea y espero la diferencia, es que la realidad de México es la conformidad y tolerancia con los sucesos que todos los días arañan su cotidianidad, en la que lamentablemente hemos aprendido a convivir con el engaño y perdido la capacidad de asombro o dignidad en los asuntos públicos.

La cancelación del célebre aeropuerto en Texcoco, es una acción decidida y necesaria por la oportunidad que representa para derrotar a quienes produjeron 57 millones de pobres en México… Aunque la mayoría de los ciudadanos, no lo comprenda.

Vamos ver, que pasa…

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